Nombre: memorioso

jueves, diciembre 01, 2005

COMUNICADO DE PRENSA

Porque creemos que la memoria, la verdad y la justicia deben ser los pilares sobre los que se asiente la democracia que queremos para nuestro pueblo, es que nos hemos congregado con el propósito de trabajar para la construcción de un monumento a la memoria en Catriel, cuya piedra fundamental será colocada el próximo 24 de marzo y cuya inauguración será el 24 de marzo de 2007, habiéndose realizado ya la petición correspondiente del lugar en donde se emplazará. Además prevemos trabajar durante todo el año en distintas actividades que generen espacios de reflexión, de aprendizaje y de análisis de nuestra historia de los últimos años, con el fin de consolidar la memoria colectiva como única forma de marchar hacia un futuro de paz, asentado en los verdaderos valores de la democracia.
Esta inquietud tiene sus antecedentes en la respuesta de los vecinos a tres convocatorias realizadas:
La primera, el 24 de marzo de 2004, en el Salón Comunitario Ciudad de Catriel, el Taller Literario La Frase organizó un encuentro con el objetivo de leer textos relacionados con la fecha. Las otras dos, en octubre del 2004, en el CEM Nº 21, y en el mismo mes del 2005, en el Salón Cotecal de la calle Dinamarca, Madres de Plaza de Mayo –Línea Fundadora- y el Director de Derechos Humanos de Avellaneda, Sr. Enrique Arrosagaray, dan charlas sobre la violación a los derechos humanos durante la última dictadura.
En estos tres encuentros se pudo comprobar la latente necesidad de muchos vecinos de reflexionar sobre estos hechos y compartir vivencias y emociones.
Ante estas situaciones y a partir de una idea inicial del Taller de Literario “La Frase”, es que se constituye una comisión de trabajo, denominada “Comisión pro-monumento a la memoria del 24 de marzo en Catriel”, integrada por Félix Oga, Paola Bonomo, Silvio Noguerol, Gustavo Germanier, Susana Soto y Diana Oxalde, para construir en nuestra ciudad un monumento a la memoria.

3 Comments:

Blogger Turca said...

Muy interesante iniciativa. Yo q estoy lejos de mi querido Catriel, esperaré con ansias la publicación de las crónicas correspondientes.

Felicidades y Buen 2006 para todos.

11:28 PM  
Blogger el flaquito said...

Hoy, hace treinta años
Por Osvaldo Bayer
Justo aquel 18 de febrero. 1976. Elegir el día de mi cumpleaños para regresar a la Argentina. Creer que todo lo malo ya había pasado o por lo menos que se iniciaba el camino a la seriedad. Isabel había llamado a elecciones. Algunos creímos que era el momento de regresar. Y para los optimistas irremediables eso significaría vivir en libertad. El regreso, entonces. Haber tenido que ir al exilio en un gobierno llamado democrático. Pero con las Tres A. Recuerdo ese 12 de octubre de 1974. Condenado a muerte. Por La Patagonia rebelde. Simplemente, así. Leer la propia condena en el diario. Primero, el negarse a creer tamaño despropósito. En una llamada democracia. Un gobierno peronista de izquierda que había pasado con prisa y sin pausa a la derecha. No podía ser: aquel gobierno de Cámpora que sin hesitar nos había aprobado el guión para filmar La Patagonia rebelde y ahora, en el de Isabel Perón, se nos condenaba a muerte por lo mismo. Más todavía, recuerdo la entrevista que tuve con el rector Rodolfo Puiggrós, a quien fui a ver para que la Universidad respaldara el proyecto que había presentado: un equipo de antropología que me acompañara a Santa Cruz a estudiar y marcar definitivamente las tumbas masivas de los obreros rurales fusilados por el ejército en 1921 y ’22. Recuerdo que Pui-

ggrós se levantó de la silla, me dio la mano y me dijo: “Delo por hecho, vamos a apoyar ese trabajo como prioridad, a la historia no hay que esconderla”. Recuerdo el abrazo. Pero quedó en abrazo, como si ésa hubiera sido la despedida final. Ottalagano se llamará quien transforme la universidad de un ágora de discusión y búsqueda en un cuartel de monjes y soldados obedientes al silencio y la disciplina del poder. Y comenzaron los asesinatos de intelectuales y estudiantes. Asesinos a sueldo pasaron a ser los dueños y señores de la vida y de la muerte. ¿Cómo fue posible eso? ¿Por qué nunca se habla de eso? ¿Por qué, y con toda justicia, se va a recordar el 24 de marzo las tres décadas de la iniciación de la dictadura de la desaparición de personas, pero no se dice que el período de Isabel Perón fue justo el prólogo de lo que iba a ser después? ¿Por qué el Partido Justicialista no hizo una severa y profunda crítica de ese período? Basta recorrer la documentación oficial de esa época. Los asesinatos políticos, la prohibición de libros, la censura de filmes, la cesantía de docentes y de otros cargos, la expulsión de estudiantes y... el libre albedrío de matar. Basta leer justo lo que ocurrió en esa época en las universidades nacionales. Nada se puede esconder, la verdad histórica tarda, pero sale a la luz. Muy pronto saldrá una investigación realizada con la honestidad de la verdad histórica. Se refiere a la Universidad de Buenos Aires, en el período de Puiggrós, en el de Ottalagano y en el de la dictadura de Videla. Suscintamente, en esos tres períodos están al desnudo las dos Argentinas. La pregunta es ¿cómo se pudo llegar a eso? Los documentos oficiales hablan por sí mismos. No son ni siquiera necesarias las interpretaciones.

El idioma del peronismo de izquierda, luego el del peronismo de derecha. Y luego, ya, el paso directo a la dictadura. Apagar la luz para que vengan los reflectores a no dejar ninguna duda.

El libro donde se retrata eso se llama Universidad y Dictadura y sus autores son los docentes de Derecho Pablo Perel, Eduardo Raíces y Martín Perel. En él se señala que “La politización militante que pretendió democratizar los claustros durante el gobierno de Cámpora y emprender cambios emancipadores en planes de estudio, concepciones pedagógicas y rol del profesional, fueron tomadas como paradigmas de la ‘subversión del orden’. Un desesperado y eficaz intento para normalizar los carriles de la formación superior frente al proceso de radicalización política, se produjo a partir de la acción represiva de los interventores enrolados en la derecha peronista”. Es decir, el “trabajo sucio” realizado en la etapaisabelista y los puntos de contacto de ese “trabajo sucio” con el realizado inmediatamente después por los artífices del genocidio. Los antecedentes vienen de muy atrás. Basta mencionar “la noche de los bastones largos” del triste general Onganía.

Del academicismo restrictivo y autoritario se iba a pasar al estado de asamblea, en 1973. Y de allí, al dominio conspirativo de Ottalagano donde ya se oía el “Cara al sol” falangista en los pasillos y, finalmente, a la hora del cuartel de la vida estudiantil. Una historia de apasionados, represivos y represores, sucesivamente. Rodríguez Varela será el decano de Derecho hasta que llega Cámpora al poder. Será Puiggrós quien pondrá en ese cargo al nuevo decano y dirá: “Elegí para dirigir esta casa de estudios al abogado Mario Kestelboim porque ha sido defensor de presos políticos y aquí abundan funcionarios de la dictadura (de Onganía y Lanusse), y porque Kestelboim es un hombre de izquierda y ésta es una facultad de derecha y porque él es judío en una facultad llena de fascistas”. 1973. Rodríguez Varela será después ministro de Justicia en la dictadura de Videla. Los números lo dicen todo: si en 1972, los ingresantes a la Universidad de Buenos Aires fueron 21.000; en 1974, en la época de Puiggrós, fueron 40.000. Kestelboim decía en ese tiempo: “El objetivo que teníamos era transformar los contenidos y las metodologías de enseñanza. No queríamos seguir produciendo abogados litigantes, defensores de los intereses privados, sino abogados comprometidos con un proceso de transformación, de cambio, de liberación, que sabíamos se estaba dando en el país. Esas fueron las aspiraciones que nos propusimos”. Kestelboim tendrá que irse. Venía ya Ottalagano, peronista de derecha. Y se iniciaba la marcha de regreso a la universidad para el sistema. La de los profesores clásicos, la de los oportunistas –que siguieron pese a todos los cambios– y los que miraron al costado. Comenzaba la enseñanza regimentada. Con traje y corbata. De la “Patria Socialista” a la “Patria Peronista”, con el final de la patria procesada, sin proceso.

Con Ottalagano se dejan cesantes quince mil docentes. Se va Taiana como ministro de Eduación y vuelve nada menos que Ivanissevich. Se prohíbe toda actividad política y gremial en los claustros. Ivanissevich y Ottalagano, dos cruzados católicos, apostólicos, romanos hasta los huesos. Van a poner como interventor en Filosofía y Letras al jesuita Sánchez Abelenda, quien recorrió los pasillos de la facultad con un incensario para exorcizar al “demonio marxista”. La divisa de los nuevos era: “Dios, Patria y Ciencia”. Los libros eran quemados por “Dios, Patria y Hogar”. Más los asesinados por las Tres A.

Mi regreso fue en el fin de ese tiempo. El 18 de febrero ya del ’76. Para qué. Iniciar un nuevo injusto exilio. Ya llegaba la dictadura. La desaparición. El robo de los niños.

Tal vez, la mejor síntesis de todo el tiempo del oprobio la hizo Julio A. Ramos, en La Opinión de los militares, el domingo 4 de febrero de 1979. Cuando escribió: “En enero último alrededor de 120.000 turistas argentinos viajaron al exterior, lo cual significaría una erogación de unos 220 millones de dólares para el país”. Luego detalla que “los argentinos gastaron esos millones en Miami, Río de Janeiro, Punta del Este o Sudáfrica”. Y agrega: “Esos viajeros retornan al país atiborrados de mercaderías extranjeras”. Miles de desaparecidos, niños robados, Miami.

12:39 PM  
Blogger el flaquito said...

Himmler y nosotros

Por Osvaldo Bayer

Treinta años de lo incomprensible. La dictadura militar de la desaparición de personas. Ya ha empezado la discusión que nunca terminará: ¿cómo fue posible tanta crueldad? Cómo fue posible que mentes humanas en un país cristiano, católico por añadidura, puedan haber concebido tanta perversidad. Sí, tal vez la palabra definitoria sería perversidad, más, sevicia. O no, más que eso. ¿No alcanzan las palabras? El prisionero rebajado a insecto, y desde ese momento la inquisición, el vía crucis de la desaparición. Para siempre. Hasta desfigurarlo en sus niños a quien se los arrojaba a manos extrañas, tal vez manos de verdugos. Lo hizo un régimen de uniformados y de sus no uniformados siempre solícitos.

La búsqueda del porqué tanta perversión la viví en Alemania cuando en 1952 llegué allí para estudiar. Era la época cuando la nueva generación, los jóvenes, comenzaban a preguntarse por qué sus padres habían cometido, o apoyado por lo menos, los horribles crímenes nazis. Los pocos viejos que habían regresado de la guerra, callaban. Las mujeres se dedicaban a la reconstrucción. La discusión sigue hoy todavía. Lo que nunca habían pensado los culpables del genocidio es que gran parte de sus propios hijos y sus nietos se iban a avergonzar de ellos. E iban a llevar toda su vida como maldición el ser hijos o nietos o siquiera familiares de los que ejercieron el poder omnímodo de las cámaras de gas.

Un libro que acaba de salir en Alemania trata de aclarar el porqué del drama, el porqué hijos obedientes, cristianos, bien educados, se transformaron en feroces asesinos que eliminaron pueblos como si hubieran usado un insecticida para acabar con las cucarachas. Se trata del libro Los hermanos Himmler y su autora es Katrin Himmler, sobrina nieta del más grande asesino de seres humanos de toda la historia de la humanidad: Heinrich Himmler, ministro del Interior de Hitler y jefe de las SS.

Todo el interés de Katrin Himmler en estudiar su familia comenzó cuando en el colegio primario, en una clase, un compañero le preguntó en voz alta: ¿Eres tú parienta de Heinrich Himmler? Y ella contestó correctamente: “Sí, soy su sobrina nieta”. Se produjo un silencio helado. Todos la miraron con espanto. La maestra no movió un músculo. Era como tener ahí el fantasma vivo de la muerte.

Desde ese momento Katrin comenzó la búsqueda de la verdad: documentos, testimonios, las explicaciones familiares. Llegó a la comprobación que llevaba la sangre del peor criminal de toda la historia. Los decretos, las órdenes, las cámaras de gases, los campos de concentración, la “limpieza” de Polonia, Rusia, Rumania. Yugoslavia... para qué más. El racismo más indignante: el desprecio por el ser humano. Ancianos, mujeres, niños, hombres marchando en fila a las cámaras de gases. Katrin Himmler se sintió culpable de llevar esa sangre y cuando llegó a la madurez se encontró con un joven judío y tuvo un hijo con él. Era la respuesta a su familia que había sido capaz de engendrar a Heinrich Himmler. Y ahora, una mujer de esa propia familia les demostraba que ella repudiaba a ese ser maligno. Un hijo, que llevaba la sangre del peor criminal y de sus propias víctimas. Fantasías de la historia. Fantasías del ser humano. Claro, Katrin Himmler, la joven madre, no se preguntó qué hará ese niño cuando sea grande: tengo la sangre del gran asesino y del pueblo que fue su víctima. ¿Es una tragedia? Es una enseñanza.

Tema para psicoanalistas, para historiadores, para sociólogos, para antropólogos. Para teólogos. Para todos. Dios, en su infinita bondad, sería la interpretación, tal vez, del papa Ratzinger. Claro, donde cabe la pregunta: ¿bondad en crear a Himmler, a los Himmler. A los Videla, Massera, a los Astiz..? O en permitir al hombre que cavile acerca de la magnitud a que puede llevar el Mal. Himmler, en el país de Kant, el de la Etica.La familia Himmler: monárquica, fiel al Kaiser, católica, que enseñó a sus tres hijos varones obediencia al padre, a la madre, al Kaiser. Orgullosos de su patria, patriotas, como se decía. De niños, jugar con soldaditos de plomo y marchar en el colegio con paso militar. Himmler, el segundo de los tres hijos varones no tendrá la suficiente edad para ser llamado a la Primera Guerra Mundial. Sí, su hermano mayor. Y en vez de aprender de esa masacre que costó la vida de millones de jóvenes, algo más irracional que cualquier otra cosa en la historia del hombre, entre países cristianos, no, se prepararon desde la derrota hacia la revancha. Veinte años después.

Alemania había sido traicionada por los judíos y los comunistas, fue la teoría de la derecha, que en la derrota buscó explicaciones ante tanta insensatez suicida y con Hitler iba a caer en el absurdo desatino de más violencia. La violencia dignifica. La lucha contra la otra Alemania, la que buscaba el socialismo a través de la revolución, o a través de la libertad, como en la República de los Consejos Obreros, Campesinos y de Soldados que intentó la igualdad y la paz en Munich en la posguerra y fue despiadadamente eliminada por los uniformados vencidos en la guerra y que, ahora sí, asesinaban a los que no querían combatir con las armas sino con las ideas. En esos “cuerpos libres” uniformados intervino ya el joven Heinrich Himmler. Serán los mismos que asesinarán a la mensajera de la paz y el derecho de todos: Rosa Luxenburg. Todo un símbolo: le destrozaron su cabeza llena de sueños e ideas, de un culatazo de máuser.

El libro de Katrin Himmler trae párrafos del diario que llevó siempre Heinrich Himmler. En el mismo puede leerse cómo él se exhortaba a sí mismo a mantener con toda severidad los diez mandamientos católicos. Interesante para estudiosos del ser humano es la frase de Himmler en su diario donde rechaza categóricamente toda relación sexual antes del matrimonio, pero al mismo tiempo se interesaba de toda obra que tratara el tema sexual. Lo que más le gustaba era practicar el tiro al blanco y usar uniformes. Lo escribe él mismo.

Ya en las filas de Hitler, Himmler siguió concurriendo a misa con su familia, pero poco a poco su fe se iba trasladando al estudio del espiritismo y del ocultismo. Será el momento en que escriba en su diario: “Hitler es realmente un gran hombre y, ante todo, legítimo y puro. Sus discursos son muestras magníficas de germanismo y del ser ario”.

Luego, la autora demostrará prueba a prueba toda la culpabilidad de su poderoso pariente desde el momento en que el nazismo llegue al poder. Heinrich Himmler se casará y tendrá una hija. Al mismo tiempo tendrá como amante a su secretaria con la cual tendrá dos hijos. Un varón, minusválido, y una niña que después de la guerra será médica. Al perder la guerra, Himmler se suicidará en el momento de ser tomado prisionero por los ingleses. Su hermano menor morirá en la batalla de Berlín y el hermano mayor pasará tres años de prisión al fin de la contienda.

Todos los crímenes de Heinrich Himmler quedan demostrados en el libro de su sobrina nieta. Se puede decir que ella estudió para tratar de descubrir por qué su pariente cometió esos bestiales crímenes masivos. Ella se recibió de científica social y luego estudió historia, e hizo cursos sobre racismo e interculturalidad. Vive con su hijo en Berlín.

Pero claro, el tema no termina allí. Ella agregó un ensayo sobre la culpa colectiva del pueblo. Y allí viene la discusión.

Una discusión que debemos iniciar –o continuar– los argentinos. ¿Cómo fue posible la aplicación del sistema de la desaparición de personas por nuestros militares? ¿Tuvimos criminales del tamaño de Heinrich Himmler? Sí, un Camps, por ejemplo, si bien menor en la cantidad de víctimas pero la misma ferocidad. Basta analizar la Noche de los Lápices. Torturar, vejar hasta el paroxismo a adolescentes, y finalmente quitarles la vida. Camps. ¿Cómo fue posible esa bestia, quién lo formó, en dónde se educó, qué le enseñaron en su vida militar? ¿Quiénes fueron sus maestros? ¿Cómo llegó a general, por qué lo ascendieron, quién lo promovió, quién le dio poder? Pero no nos quedemos ahí. ¿Por qué jamás se juzgó y ni siquiera se acusó a los miembros del gobierno legal que permitió las Tres A? Sí, se juzgó a López Rega pero nada se hizo contra los miembros de ese gobierno que se taparon los oídos y los ojos ante los infames crímenes en la calle. Matar así. Políticos que facilitaron el camino a la máxima infamia.

Con su silencio, o con su beneplácito.

En la Argentina se ha iniciado el juicio a militares culpables de ordenar el cobarde latrocinio. En Alemania fueron condenados a muerte los grandes culpables, pero también médicos autores de crímenes en los campos de concentración y civiles, que desde el escritorio dieron la orden de abrir el gas. En la Argentina, en cambio, los civiles cómplices no fueron ni citados por la Justicia. Un Martínez de Hoz sigue gozando de todos sus privilegios y títulos. Como si nada hubiera pasado. Camilión no sólo fue ministro de la dictadura sino después, sin ningún empacho, de la democracia. Los grandes impulsores de la dictadura desde la televisión, las radios y los diarios siguen apareciendo en pantalla diciendo sus verdades con la misma empatía del ’76. La sociedad se calla la boca. No hubo autocrítica de los partidos políticos.

Toda esta puesta en escena argentina me hace recordar las palabras de Hanna Arendt en el juicio a Eichmann: “Lo inquietante en la persona de Eichmann fue justamente que él era como muchos y que esos muchos no eran perversos ni sádicos sino terriblemente normales. Normales que dan miedo”. Treinta años. Ojalá los nietos de nuestros verdugos nos ayuden a interpretar por qué fue posible la muerte argentina.

10:24 AM  

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